«Escríbeme un artículo sobre X» es, probablemente, la peor forma de usar una IA para escribir. Produce un texto correcto, estructurado y absolutamente intercambiable con el de cualquier otro. Y sin embargo es lo que hace casi todo el mundo la primera semana.
Estas herramientas sirven mucho para escribir. Solo que no en la parte que la gente cree.
Donde ayuda de verdad
1. Transformar algo que ya existe
Acortar, alargar, cambiar el tono, pasar de viñetas a párrafos, adaptar un texto largo a un mensaje corto. Aquí el material ya es tuyo y la máquina solo cambia la forma. Es la tarea con mejor relación entre lo que ahorra y lo que hay que revisar.
2. Empezar cuando estás en blanco
Pedirle diez enfoques posibles para un texto, o un esquema de secciones. No para usarlo tal cual, sino para tener algo contra lo que discutir. Casi siempre acabas escribiendo algo distinto, pero empiezas antes.
3. Revisar lo que escribiste
La más infravalorada. «Léelo y dime qué no se entiende», «señala las frases de más de treinta palabras», «busca contradicciones». Revisar es lento, poco gratificante y algo que la máquina hace sin cansarse.
4. Redactar lo repetitivo con material aprobado
Respuestas a preguntas frecuentes, correos de seguimiento, descripciones de producto a partir de fichas técnicas. Aquí funciona bien porque no tiene que inventar: reorganiza lo que le diste.
Donde estorba
| Tarea | Por qué estorba |
|---|---|
| Escribir sobre tu experiencia | No la tiene. Lo que salga será plausible y vacío, y tus clientes lo notan. |
| Tomar una postura | Tiende a la ambigüedad y al «por un lado, por otro». |
| Textos con datos concretos | Es donde más inventa. Cifras, fechas, nombres, referencias. |
| Encontrar tu voz | Si no le das ejemplos tuyos, escribirá con la voz de todo el mundo. |
| Textos muy cortos y muy trabajados | Un titular, un eslogan. Cuesta más filtrar veinte propuestas mediocres que pensar dos buenas. |
Un método que funciona
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Escribe tú el esqueleto
Las ideas, el orden y lo que quieres decir en cada parte. Aunque sea en viñetas feas. Esto es lo que no se delega.
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Pide el desarrollo con tu material
Pega tus viñetas y tus datos. Instrucción: «desarrolla esto en párrafos, sin añadir información que no esté aquí; si falta algo, escribe FALTA DATO».
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Reescribe el principio y el final
Son las dos partes que más se notan y las dos donde el texto generado suena más genérico. Hazlas tú.
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Pide una revisión crítica
«Señala lo que no se entiende, lo que sobra y lo que afirmo sin sustento.» Después decide tú qué corriges.
Pega tres textos tuyos que te gusten y pide: «describe mi forma de escribir en diez reglas concretas». Guarda esas reglas y úsalas como parte de la instrucción. Funciona mucho mejor que pedir «tono cercano y profesional», que no significa nada.
Las señales que delatan un texto sin revisar
- Empieza situando el tema en la historia de la humanidad antes de decir nada útil.
- Listas de tres elementos, siempre tres.
- «En el mundo actual», «cabe destacar», «no es solo X, es Y».
- Párrafos de longitud idéntica.
- Una conclusión que repite la introducción con otras palabras.
- Ninguna frase que solo podrías haber escrito tú.
Esa última es la buena. Si en todo el texto no hay ni una frase que venga de tu experiencia concreta, no hacía falta publicarlo.
Sobre decirlo o no decirlo
No hace falta declarar que usaste una herramienta para ordenar un correo, igual que nadie declara el corrector ortográfico. Lo que sí importa es que la responsabilidad sobre lo publicado sea tuya: si sale con tu nombre, lo has leído y lo sostienes.
En contenido editorial, donde el lector confía en que hay alguien detrás, conviene ser explícito sobre cómo trabajas. Nosotros lo explicamos en nuestros estándares editoriales: usamos estas herramientas para ordenar y revisar, y todo lo que se publica pasa por revisión humana.
La conclusión
La IA no escribe por ti. Te quita de encima la resistencia inicial, la reescritura mecánica y la revisión tediosa —que juntas son la mayor parte del tiempo—. Lo que tienes que aportar sigue siendo lo único que no se puede copiar: saber qué quieres decir y por qué vale la pena decirlo.