Hay una escena que se repite: alguien prueba una herramienta de IA, escribe «hazme un correo para un cliente», recibe algo genérico y concluye que esto no sirve para su trabajo. El problema rara vez está en la herramienta. Está en que le diste a un desconocido una tarea sin contexto y esperabas que acertara.
Escribir instrucciones —lo que muchos llaman prompts— no es un arte oscuro. Es exactamente lo mismo que delegar bien: decir qué quieres, para quién, con qué información y en qué formato. Si sabes explicarle una tarea a una persona nueva en tu equipo, ya sabes casi todo.
Lo esencial en 30 segundos
- Una buena instrucción tiene cinco partes: papel, tarea, contexto, formato y límites.
- El contexto es lo que más cambia el resultado. Pegar el material real vale más que cualquier truco de redacción.
- Pedir el formato exacto de salida te ahorra la mitad del trabajo de edición.
- Conserva las instrucciones que funcionan: son plantillas reutilizables, no mensajes desechables.
La estructura de cinco partes
No hace falta usar las cinco siempre, pero cuando una respuesta sale mal, casi siempre falta alguna de ellas.
-
Papel: desde dónde te responde
«Eres un asesor comercial que atiende a clientes de una empresa de servicios en Perú.» Esto fija vocabulario, tono y nivel de detalle. No es magia: es acotar el universo de respuestas posibles.
-
Tarea: qué quieres exactamente
Un verbo concreto y un objeto concreto. «Resume», «clasifica», «redacta», «compara», «encuentra los errores». Evita el «ayúdame con», que no dice nada.
-
Contexto: con qué material trabaja
El texto del cliente, tus precios, tu política de garantía, el correo anterior. Sin esto, la herramienta rellena huecos con lo que le parece razonable, y ahí es donde aparecen los datos inventados.
-
Formato: cómo quieres recibirlo
«En tres viñetas», «una tabla con estas columnas», «un correo de máximo 120 palabras», «solo el texto, sin introducción». Cuanto más explícito, menos edición posterior.
-
Límites: qué no debe hacer
«No inventes precios: si falta un dato, escribe FALTA DATO.» «No prometas plazos.» «No uses tecnicismos.» Esta parte es la que protege tu negocio.
Antes y después: el mismo pedido, dos resultados
Compara estas dos formas de pedir lo mismo.
«Escribe un correo para responder a un cliente que pregunta por el servicio.»
Resultado previsible: un correo correcto, vacío y con frases de relleno que tendrás que reescribir entero.
«Eres quien atiende consultas en una empresa de servicios en Lima. Responde este mensaje de un cliente [pegas el mensaje]. Usa esta información como única fuente: [pegas tus condiciones reales]. Tono cercano y directo, de usted. Máximo 120 palabras. Termina proponiendo una llamada de 15 minutos. Si el cliente pregunta algo que no está en la información que te di, no lo inventes: escribe entre corchetes [CONSULTAR] en ese punto.»
La segunda instrucción es más larga de escribir, sí. Pero se escribe una vez y se usa doscientas. Ese es el cambio de mentalidad: no estás redactando un mensaje, estás construyendo una plantilla.
Los cuatro ajustes que más cambian el resultado
1. Dar ejemplos de lo que quieres
Un ejemplo vale más que tres párrafos de descripción. Si quieres que los resúmenes tengan cierto estilo, pega un resumen tuyo que te guste y di: «sigue este formato». La herramienta imita patrones mucho mejor de lo que interpreta adjetivos.
2. Pedir el razonamiento antes de la conclusión
Para tareas de análisis o clasificación, pedir «primero lista los criterios, luego decide» suele dar respuestas más consistentes que pedir directamente la conclusión. También te deja revisar el razonamiento y detectar dónde se torció.
3. Corregir en lugar de volver a empezar
Si la respuesta va por buen camino pero no termina de estar bien, no reescribas la instrucción desde cero: dile qué ajustar. «Más corto, quita la introducción, usa el nombre del cliente al inicio.» Dos o tres iteraciones cortas llegan más lejos que un intento perfecto.
4. Prohibir explícitamente lo que no quieres
Las herramientas de IA tienden a rellenar. Si no quieres cifras aproximadas, plazos estimados o nombres de funciones que no existen, dilo. «Si no tienes el dato, escribe FALTA DATO» es probablemente la frase más útil de toda esta guía cuando el texto va a salir hacia un cliente.
Una plantilla que puedes copiar
Guarda esto en un documento y adáptalo. Las mayúsculas marcan lo que cambias en cada uso.
| Parte | Qué escribes |
|---|---|
| Papel | Eres [QUIÉN] en [TIPO DE NEGOCIO]. |
| Tarea | Tu tarea es [VERBO + OBJETO]. |
| Contexto | Usa únicamente esta información: [MATERIAL REAL PEGADO]. |
| Formato | Devuélvelo como [FORMATO EXACTO], de máximo [EXTENSIÓN]. |
| Límites | No inventes datos. Si falta información, escribe [MARCA]. No [LO QUE NO QUIERES]. |
Cuándo una instrucción no es la solución
Hay tareas donde insistir con instrucciones es perder el tiempo:
- Cuando el dato no existe en ningún sitio al que la herramienta tenga acceso. Ninguna instrucción hará que conozca tus precios si no se los das.
- Cuando necesitas la misma tarea cien veces al día. Ahí ya no quieres escribir instrucciones: quieres un flujo automatizado que las aplique solo.
- Cuando el resultado debe ser exacto y verificable. Cálculos contables, plazos legales, dosis. Usa la herramienta para ordenar y redactar, no como fuente de verdad.
Cómo practicar sin perder la tarde
Elige una tarea de texto que hagas todas las semanas: responder consultas frecuentes, redactar la descripción de un servicio, resumir una reunión. Escribe la instrucción completa con las cinco partes. Pruébala con tres casos reales distintos.
Si los tres salen bien, guárdala con un nombre claro en una carpeta compartida. En pocas semanas tendrás algo más valioso que cualquier suscripción: un pequeño manual de instrucciones propias, escrito con el vocabulario de tu negocio, que cualquier persona del equipo puede usar sin saber nada de inteligencia artificial.